
Pues vuelvo hoy con Lady Gaga. Si, porque resulta que compré la revista Rolling Stone hace un par de días y ¿quién aparecía en la página 34? Si, ella. Esta especie de travesti electrónico plastificado con pinta de necesitar ayuda psicológica. La única que le puede quitar a Beyoncé el premio a “Los modelitos más horteras encima de un escenario” [¿Os parecieron de otro mundo los de Britney Spears? Pues esperad a mañana y vereis lo que llevaba puesto la genial Beyoncé].
El caso es que me partí la caja con la entrevista que le hicieron. No porque estuviera mal hecha, que va. Sino por las perlas de sabiduría que salieron por su boquita de piñón. Es para darle bofetones hasta que se le quite la tontería.
La foto que ilustra el mini reportaje nos muestra a Lady Gaga posando como una idiota y vestida con un mini top nada incómodo de plástico morado y un chaleco beige con rebujones en los hombros. Ni que decir tiene que está photoshopeada hasta decir basta. Es muy parecida a la que aparece al principio de éste artículo.
Lo primero que nos advierten en la entrevista es que a Lady Gaga no le gustan los pantalones. No es una novedad. Cualquiera con la inteligencia de un saltamontes (o de Paris Hilton) se habrá dado cuenta a estas alturas de que a la nena le gusta mucho ir en bragas por la calle, cosa que nos confirma diciendo que con pantalones ella pues así muy a gusto no es que esté y que se baila mejor sin ellos.
Dice que Just Dance la escribió en 5 minutos y cuando estaba de resaca. Y la creo. A la vista está el resultado. También nos cuenta que cuando conoció a Bruce Springsteen se puso tan nerviosa que le agarró del cuello y se puso a llorar como una loca. Springsteen le dijo que le pareció muy dulce. Sería por respeto, porque vamos… me imagino el numerito y lo único de lo que tengo ganas es de dejarle la cara a Gaga como un cromo.
Germanotta y Lady Gaga son una. Nada del tipo Beyoncé en plan “estoesunpersonajequehecreadocomosifueramialteregoperoyonosoyasí”. Que va, para nada. Germanotta se ha convertido en Lady Gaga. Nos confiesa que le encantaban Britney Spears y N’Sync. Pues claro que si, fuera complejos. Son de lo peor que ha dado la música en toda la historia, pero ella lo dice. Y tambien que cuando estaba en Nueva York se quedaba en la acera de enfrente a las cristaleras del programa de la MTV Total Request Live con sus amigas y que esperaba toda la tarde por si acaso podía ver una uña a su ídolo. La chica tiene nostalgia de aquellos tiempos y quiere que la gente se vuelva tan loca con ella y su disco como sucedió con Britney Spears en sus comienzos.
Tras esto dice una frase que me ha llegado al alma “No puede negarse a un grupo de pop su derecho a parar el tráfico si es necesario”. Claro que sí. Olé tus huevos, tu ignorancia y tu narcisismo. Igual hay un accidente grave o un incendio pero ya sabeis servicios de emergencia del mundo entero: si Lady Gaga está tocando en mitad de la calle ni se os ocurra cortarle el rollo.
Nos cuenta que la última vez que se desnudó sobre un escenario fue enfrente de un montón de universitarios borrachos y que lo hizo para que se callaran y la dejaran cantar. Además divaga sobre el uso de metáforas sexuales en sus canciones, lo que confirma lo que ya dije de ella: que es una hortera calentorra. Por último comenta que a sus abuelos les parece genial lo que hace y que su abuela, medio ciega, la reconoce porque no lleva pantalones y sólo puede ver colores claros. Y ella, como es tan buena dice que va a seguir actuando en bragas para que su abuela la vea.
Y a mi me da igual eso de que “entró en una universidad de prestigio entre miles de candidatos” (universidad que no mencionan, por cierto), me sigue pareciendo una cabeza de chorlito.
Para el que quiera leer la entrevista en inglés, por aquí.

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