Bob Dylan, Lenny Kravitz, Franz Ferdinand y los mexicanos Café Tacuba han puesto el acorde final a la primera edición en España de Rock in Rio, un festival al que se han asomado cerca de 300.000 personas en sus cinco jornadas. Este último día ha destacado por ser el que menos gente ha sido capaz de reclamar, unas 41.000 personas.
Café Tacuba fueron los primero en salir al Escenario Mundo. Calentaron con sus ritmos latinos el ambiente de la Ciudad del Rock de la localidad madrileña de Arganda del Rey, a la espera de Dylan, que ofreció en el festival uno de los once conciertos de su gira española iniciada el pasado día 23 en Zaragoza.

Tras ellos, Bob Dylan. El divo. El maestro de maestros, para muchos. No se puede negar que en su día fue grande, pero por lo que me cuentan, en RIR no cantó, sino más bien recitó sus canciones. Por expreso deseo de Dylan, el concierto no fue retransmitido, pero se grabaron un par de canciones para su posterior difusión. Me dicen también que el concierto fue aburrido con un Dylan que en el escenario rozaba el ostracismo.
sin mediar palabra con el público como es costumbre, había aparecido un Bob Dylan impecable, que destiló la esencia de su música en un concierto austero y sin concesiones, en el que recorrió sus aclamados últimos álbumes y recreó algunos de sus clásicos en nuevas versiones irreconocibles, acompañado por una extraordinaria banda.
Dylan desgranó algunos temas de su último álbum Modern times, publicado hace un par de años, como Rollin’and tumblin y Thunder on the mountain y ofreció clásicos imprescindibles como “Just like a woman” y Like a rolling stone, con el que cerró concierto después de una hora y cincuenta minutos, uno de los más largos del festival.


Y después de Dylan, Franz Ferdinand, que regalaron a los asistentes un adelanto de su próximo álbum que se espera que salga en 2009, en un concierto que comenzó más tarde de lo previsto debido al retraso originado por Bob Dylan.
Era evidente que no actuaba ante su público objetivo, pero descargaron la artillería pesada de su corta pero fructífera discografía ante los 40.000 asistentes de la última jornada del festival.
Deleitaron a sus seguidores con auténticas soflamas musicales de sobra conocidas como “Do you want to?” o “The dark of the Matinée”.
Escuchando uno de sus nuevos temas, “Katherine kiss me”, podría parecer que Franz Ferdinand se empeñan en seguir siendo los mismos de siempre, aquellos que lograron demostrar que se puede bailar sobre la pista a golpe de riffs, aunque la fórmula ya no suene tan fresca como antes.
Franz Ferdinand son ya una consolidada institución pop que busca nuevas formas de expresión para no caer en lo ya sabido aunque sin arruinar su código de valores, que actualiza para el resto del planeta el cliché del dandy británico.
Mucho más atractiva resulta “Turn it on”, de personalidad seductora e infecciosa que sirve al cantante Alex Kapranos para seguir alimentando las comparaciones con Brian Ferry y con la que cerraron Franz Ferdinand este recital junto a la incendiaria “This fire”.
Este tema avanza lo que parece ser la nueva dirección del grupo en este tercer trabajo, para el que han decidido tomarse tiempo suficiente para su creación y alejarse de la densidad instrumental del anterior, “You could have it so much better”.
Menos rock y más baile es su próximo objetivo, como demostraron otros dos de sus temas aún no grabados, “Ulysses” y, en menor medida, “What she came for”, que encajó a la perfección con “Fallen” para avanzar la explosión de “Take me out”.

Y el último plato fuerte fue Lenny Kravitz. Tras unas gafas negras y pañuelo al cuello, Lenny Kravitz no se resistió a dar muestras de su controvertida personalidad en este cierre de fiesta y, tras el conocido Always on the run, uno de los primeros temas del concierto, paró la actuación -televisada- por un “humo” que le llegaba al escenario y que le estaba “matando” la garganta.
Volvió a trenzarla con un “lo siento, pero quiero daros lo mejor de mi” y, ya sin gafas, fue repasando clásicos de su discografía como Field of Joy y American woman, con las que no falló a la hora de predicar el amor como única clave para solucionar los problemas mundiales. También dejó tiempo para canciones de sus trabajos más recientes, como I’ll be waiting, perteneciente a It is time for a love revolution, disco con el que está de gira.
El neoyorquino cerró el show, en el que en todo momento -y como no podía ser de otro modo- lució un estética cuidadosamente espontánea, con Fly away, Let love rule y el tema Are you gonna go my way, que dio nombre a uno de sus trabajos más exitosos de principios de los noventa.
El cierre lo echó un DJ llamado Tiesto.
Mientras tanto, los organizadores del festival en Madrid se muestran satisfechos y amenazan con volver en 2010. Si es así, ruego desde aquí que cuiden más la elección de los grupos o artistas que traigan, porque, de verdad, esta edición ha dejado mucho que desear.
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