El sábado fue el día más flojo del festival, en cuanto a calidad musical se refiere. Las estrellas que pisaron el escenario mundo no son tan estrellas como nos quieren vender.

Se abrió la veda con la brasileña Ivete Sangalo. Si me apurais, lo mejor de la jornada, aunque con problemas de sonido incluídos. Le siguió su compatriota, Carlinhos Brown, con su samba, su sombrero exhuberante, su energía y sus hits.

Después el plato fuerte para las quinceañeras con cerebros reblandecidos: los Tokio Hotel con Espinete a la cabeza. Las niñas que les aclamaban mientras lloraban a moco tendido (nadie sabe muy bien porqué) con pancartas con corazones dibujados y frases del tipo “Bill te quiero” serían capaces de tirarse por un precipicio si ellos se lo pidieran. Dan escalofríos… y vergüenza ajena.

Y finalmente, los Tokio Hotel españoles, El Canto Del Loco, solo que menos extravagantes, más viejos y más patéticos. ¿Cómo pueden cantar esas cosas con 30 años? Estos actuaron ante alrededor de 45.000 espectadores, como buen fenómeno fan que son, y cantaron sus éxitos para la delicia de los seguidores que se desplazaron hasta allí, como “Volverá”, “La Madre de José”, “Zapatillas” o “Insoportable”, como ellos.
Una vez más, lo que cabía esperar.
Lo que dice la gente