
Hay numerosos ejemplos de este curioso fenómeno que afecta a la juventud, ya sea de forma local, internacional o mundial, cada determinado espacio de tiempo. Buenos ejemplos serían los Backstreet Boys, las Spice Girls o, en menor medida, los ‘N Sync.
Todos esos grupos han desaparecido. Los comúnmente conocidos por su acérrimas seguidoras como BSB tuvieron unos años de gloria mundial. Publicaban trabajos casi anualmente para satisfacer a las insaciables fans, millones y millones de cd’s vendidos de cada uno. Luego llegó el ocaso. Igual les pasó a las Spice Girls. Poco a poco, esas fans fueron creciendo y les abandonaron.
Ninguno de los miembros de ambos grupos ha conseguido tener una carrera discográfica relevante en solitario después de su disolución. Tal vez merezca una mención especial la carrera de Melanie C., la spice deportista, que si bien no es muy conocida, si que ha conseguido cierto respeto. Las demás viven del cuento. Nadie sabe muy bien de qué viven los BSB.
Los ‘N Sync, en cambio, si que tuvieron una especie de spin-off en forma de Justin Timberlake. Vende bien, hace música comercial razonablemente buena, de voz un tanto molesta para mi gusto, pero con un buen sentido de la musicalidad. ¿Quién le iba a decir que le llamarían algún día “el sucesor de Michael Jackson”? Esperemos que no acabe como él.
Ahora les ha llegado el turno a ellos. Si, los mismos que visten y calzan. Los Tokio Hotel. Estos chavales alemanes se han convertido de la noche a la mañana en un fenómeno de masas. Casi daba pena ver a adolescentes llorando y pataleando cuando anunciaron que tenían que suspender un concierto. Mas pena daba aún ver a los abnegados padres de esas niñas criticar indignados a la organización en frente de las cámaras por lo que había sucedido. ¿Qué dirán de si mismos todos ellos dentro de 10 años cuando vean las imágenes en internet y se vean haciendo el imbécil de esa manera?
Porque esto, como toda moda pasajera, acabará algún día. Y cuando ese día llegue, muchas se arrepentirán de haberse comportado como niñas de 5 años por algo que no merecía la pena. Todo el triunfo de los chicos de Tokio Hotel se debe a una gran estrategia de márketing, a una canción pegajosa y a la imagen. Si, la imagen. Esa es la clave. Algo “nuevo” para algunos, una vulgar copia de lo que ya se hizo antes con mejor gusto para la mayoría.
Al principio yo era incapaz de decir si el cantante, Bill como se llame, era chico o chica. Imposible de deducir. Esa imagen andrógina fue lo que más llamó la atención del grupo. Y con una imagen así, ¿A quien le importa la música? Además de eso, su cabellera parecía una mezcla entre la de un puercoespín, la de espinete y la de Son Goku. Los demás miembros del grupo van por libre. Uno parece un rapero de poca monta, el otro un bakala de fiesta y el restante un wannabe rockerillo.
Total, una farsa más en este mundo loco de la música. Que las fans lo disfruten mientras puedan… y no se den cuenta de lo que hacen.
Foto: 20 minutos
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